En una ciudad moderna, hay un grupo de amigos. Sus nombres son Marta, Luis, Carla y José. Un día, deciden explorar las alcantarillas de la ciudad. Ellos piensan que será una aventura divertida.
Marta dice, "¿Están listos para la aventura?" Luis responde, "¡Sí, estoy listo!" Carla añade, "Tengo un poco de miedo, pero vamos." José dice, "No tengan miedo, es solo una alcantarilla."
El grupo entra en las alcantarillas. Al principio, todo está oscuro y frío. Ellos usan linternas para ver. Las paredes están húmedas y el sonido del agua es constante.
"Escucho algo," dice Carla. "Es solo el agua," responde José. Pero todos escuchan una voz. Es una voz suave que dice, "Ayuda..."
"¿Quién está ahí?" pregunta Marta. No hay respuesta. Luis dice, "Tal vez es nuestra imaginación." Pero las voces continúan.
El grupo sigue caminando. Ellos ven sombras en las paredes. "Estoy asustado," dice Luis. "Yo también," admite Marta, "pero debemos seguir."
De repente, encuentran algo brillante en el suelo. Es un espejo. Carla lo recoge y mira. En el espejo, ve a una niña pequeña llorando. "¿Qué es esto?" pregunta Carla, sorprendida.
La niña del espejo dice, "Estoy atrapada aquí. Nadie me cree porque soy diferente."
Marta dice, "Debemos ayudarla." Luis pregunta, "¿Cómo?" José sugiere, "Tal vez si creemos en ella, podemos ayudarla."
El grupo junta sus manos y dice, "Creemos en ti." De repente, la alcantarilla se ilumina. La niña sonríe y desaparece del espejo.
"Gracias," dice una voz. Es la misma voz suave de antes. Los amigos sienten una calidez en el aire.
El camino de regreso ya no es oscuro ni tenebroso. Ellos salen de las alcantarillas sintiéndose valientes y felices. Marta dice, "A veces, solo necesitamos creer."
Los amigos aprenden que el miedo y el prejuicio pueden ser vencidos con la comprensión y el apoyo mutuo.