En una trinchera futurista, un soldado llamado Carlos está solo. Está sentado en el frío suelo metálico. Afuera, la guerra interplanetaria sigue furiosa.
El cielo es oscuro. No hay estrellas visibles. La única luz proviene de las explosiones distantes.
Carlos piensa en su familia. Hace muchos meses que no los ve. Muy lejos, en el planeta Tierra, lo esperan.
Sus compañeros de equipo están en otra misión. Carlos es el único guardia hoy.
De repente, un silbido suena en su radio. "¡Alerta! ¡Alerta!" dice la voz. Carlos se levanta rápidamente. Su corazón late fuerte.
Mira por una pequeña ventana. Ve un destello de luz. ¿Es un enemigo? No está seguro. Pero debe estar listo para proteger su trinchera.
Carlos se siente solo. Piensa en la soledad que siente en este lugar. El silencio es profundo. Solo se escucha el eco de sus propios pensamientos.
En ese momento, Carlos recuerda una canción antigua. Su madre la cantaba cuando él era niño. Empieza a tararearla bajito.
A medida que canta, se siente un poco mejor. No está tan solo. Su voz le hace compañía.
Piensa en sus compañeros. Pronto volverán. Carlos sonríe. La canción termina, pero la esperanza queda en su corazón.
La guerra sigue, pero Carlos ha encontrado una forma de no sentirse tan aislado.