Era un cálido día de verano en el parque de atracciones. Juan estaba emocionado porque había venido con su familia y su mejor amigo, Pedro. El parque estaba lleno de colores, risas y el sonido de las atracciones.
Juan y Pedro corrieron hacia la montaña rusa.
—¡Esto va a ser increíble! —dijo Juan.
Después de la montaña rusa, los amigos decidieron buscar algo de comer. Se dirigieron a los puestos de comida y compraron helados.
Mientras disfrutaban sus helados, Pedro vio algo en el suelo. Era una billetera. La recogió rápidamente.
—Mira, Juan. Una billetera —dijo Pedro.
—Vamos a devolverla —sugirió Juan.
Pedro dudó un segundo, pero luego respondió:
—Claro, después de las sillas voladoras.
Los dos amigos fueron a las sillas voladoras, pero cuando terminó la atracción, Pedro ya no tenía la billetera.
—Pedro, ¿dónde está la billetera? —preguntó Juan preocupado.
—La dejé en el baño antes de subir —respondió Pedro rápidamente.
Juan notó que Pedro estaba actuando raro, pero decidió no decir nada.
Pasaron al laberinto de espejos. Juan se perdió por un momento y escuchó a Pedro hablando con alguien.
—No te preocupes, encontramos una billetera. Nadie lo sabrá —decía Pedro.
Juan sintió un nudo en el estómago.
—¡Pedro, me mentiste!
Pedro se dio la vuelta sorprendido.
—Es que... pensé que podríamos usar el dinero para juegos.
Juan estaba decepcionado y triste.
—La amistad es más importante que el dinero.
Pedro se quedó en silencio. Finalmente, entendió que había cometido un error.
—Lo siento, Juan. No volverá a pasar. Devolvamos la billetera.
Los dos amigos fueron a la oficina de objetos perdidos y entregaron la billetera.
Al salir, Juan sonrió. Aprendieron una lección importante sobre la amistad y la honestidad.