En un internado moderno y lleno de historia, vivía un niño llamado Lucas. Lucas era un niño normal, siempre jugando y riendo con sus amigos. Pero un día, algo mágico ocurrió.
Todo empezó cuando Lucas encontró un libro antiguo en la biblioteca. El libro estaba cubierto de polvo y tenía dibujos extraños. Lucas sintió curiosidad y lo abrió. De repente, sintió un cosquilleo en las manos. Era como si el libro le hablara.
Al día siguiente, durante el recreo, Lucas estaba jugando con una pelota. Sin darse cuenta, la pelota comenzó a flotar en el aire. Sus amigos, Juan y María, lo miraron asombrados.
—¡Lucas, la pelota está volando! —exclamó Juan.
Lucas se sorprendió y la pelota cayó al suelo. No entendía qué estaba pasando. Decidió contarles a sus amigos sobre el libro.
—Creo que tengo poderes —dijo Lucas en voz baja.
—¡Eso es increíble! —respondió María entusiasmada. —¿Qué más puedes hacer?
Lucas no sabía cómo controlarlos. Pero, después de practicar en secreto, descubrió que podía mover objetos con la mente. También podía escuchar pensamientos de otras personas.
Un día, mientras estaban en clase, escuchó que alguien quería hacer una travesura. Escuchó a dos niños, Carlos y Pedro, planear cerrar la puerta del aula con un candado. Lucas sabía que esto sería un problema para todos.
Decidió usar sus poderes para proteger a sus amigos. Durante el recreo, siguió a Carlos y Pedro. Cuando ellos sacaron el candado, Lucas lo movió con su mente y lo lanzó al otro lado del patio, sin que ellos se dieran cuenta.
Carlos y Pedro estaban confundidos y no sabían qué había pasado. Al final del día, Lucas se sintió feliz porque sus amigos estaban a salvo.
Esa noche, Lucas reflexionó sobre sus poderes. Sabía que debía usarlos con responsabilidad. Estaba listo para proteger a sus amigos siempre que lo necesitaran.