En el año 2150, las casas ya no son como antes. Tienen robots y tecnología avanzada. Pero hay una casa que es diferente. Todos dicen que está encantada. Esta casa está en la ciudad de Nueva Tecno, y un niño llamado Pablo la visitará.
Un día, Pablo pasea por la ciudad. Ve la casa encantada. Es grande y vieja. Las ventanas están cerradas. La puerta tiene una cadena. Pablo siente curiosidad.
Pablo se acerca a la puerta. De repente, la puerta se abre sola. Él entra y dice: —Hola, ¿hay alguien aquí?
La casa está oscura. Pablo ve un pasillo largo. Al fondo, hay una luz. Camina despacio y escucha un ruido extraño. —¿Quién está ahí? —pregunta. No hay respuesta.
Pablo sigue caminando. La luz está más cerca. De repente, aparece un fantasma. Es transparente y brillante. Pablo se asusta, pero el fantasma sonríe.
—Hola, no tengas miedo. Soy Amelio, el fantasma amable —dice el fantasma. —¿Por qué estás aquí? —pregunta Pablo. —Estoy aquí porque nadie me ha perdonado —responde Amelio.
Pablo está confundido. —¿Perdonado por qué? ¿Qué hiciste? —pregunta él. Amelio suspira. —Hace mucho tiempo, hice algo malo. Asusté a las personas, y ahora estoy atrapado aquí. Necesito que alguien me perdone para ser libre.
Pablo siente compasión. —Amelio, te perdono. Todos cometemos errores. Está bien —dice Pablo.
De repente, la casa se llena de luz. Amelio se vuelve más brillante y feliz. —Gracias, Pablo. Ahora soy libre. Nunca olvidaré tu amabilidad —dice Amelio.
Amelio desaparece, y la casa ya no está oscura. Pablo sonríe. Sale de la casa y ve que es un día soleado.
Esa noche, Pablo cuenta la historia a sus amigos. Nadie puede creerlo. La casa ya no está encantada, y Pablo ha hecho un nuevo amigo.
Así, en el futuro, un niño y un fantasma enseñan que el perdón es poderoso.