En un día soleado, el señor Gómez estaba en la estación de tren. Decidió viajar en un tren de larga distancia para cumplir con todos sus deberes mientras viajaba. Tenía una lista larga de tareas y era conocido por ser muy puntual.
Al subir al tren, el señor Gómez revisó su lista. Primero, debía llamar a su madre. Se sentó junto a la ventana y comenzó la llamada.
—Hola, mamá. Estoy en el tren. ¿Cómo estás? —preguntó con una sonrisa.
Después de una breve conversación, el señor Gómez colgó y tachó la primera tarea de su lista.
Luego, miró a su alrededor. Había un hombre leyendo un libro. El señor Gómez pensó que debía hablar con él, ya que debía hacer nuevos amigos, según su lista.
—Hola, ¿qué lees? —preguntó amablemente.
—Es un libro de aventuras —respondió el hombre, sonriente.
Conversaron durante un rato y el señor Gómez agregó un nuevo amigo a su lista de logros.
Ahora, era momento de escribir un correo electrónico importante del trabajo. Sacó su laptop y comenzó a escribir. Mientras lo hacía, el tren se detuvo inesperadamente.
El señor Gómez miró al revisor, quien se acercó para explicar.
—Lo siento, ha habido un retraso. Parece que una vaca está en las vías —dijo el revisor.
El señor Gómez suspiró, pero pensó que era una oportunidad para dibujar, otra tarea de su lista. Sacó un cuaderno y lápices de colores y comenzó a dibujar la vaca.
Cuando el tren comenzó a moverse de nuevo, el señor Gómez estaba satisfecho. Había completado varias tareas. Miró por la ventana, disfrutando del paisaje, y pensó que cumplir con los deberes puede ser divertido.
Finalmente, al llegar a su destino, el señor Gómez se sintió realizado. Había cumplido con todos sus deberes y había disfrutado el viaje en el tren de larga distancia. Era un verdadero viajero puntual.