La historia se llama "La Verdad". En una gran mansión del siglo XIX, la familia Pérez tiene una reunión importante. Don Alejandro, el abuelo de la familia, ha muerto. Ahora, todos quieren saber quién recibirá su herencia.
En la sala de la mansión, hay cuatro personas. Está Clara, la hija mayor de Don Alejandro; Carlos, el hijo menor; y Andrea, la nieta favorita del abuelo. También está el abogado de la familia, el señor Martínez.
El señor Martínez dice: —Hoy, vamos a leer el testamento de Don Alejandro. Todos deben saber que el abuelo fue un hombre justo. Siempre quiso lo mejor para su familia.
Clara está nerviosa. Ella piensa: "¿Recibiré yo la mayor parte de la herencia?" Carlos, sin embargo, solo quiere justicia. Él dice: —Es importante que todos reciban lo que merecen.
Andrea, la nieta, está callada. Ella recuerda los momentos felices con su abuelo. Piensa: "No me importa el dinero. Solo quiero que todos estén en paz."
El señor Martínez empieza a leer el testamento. —Don Alejandro dice que la mansión será para Clara. El dinero será para Carlos. Y Andrea recibirá su colección de libros.
Clara sonríe. Carlos asiente con la cabeza. Andrea, emocionada, dice: —¡Gracias, abuelo! Los libros eran su tesoro más preciado.
Pero algo inesperado pasa. El señor Martínez dice: —Hay una carta de Don Alejandro. En la carta, dice que si alguien no está de acuerdo, deben hablar ahora.
Clara se levanta, enojada. —¡Esto es injusto! Yo quería más, dice.
Carlos responde con calma. —Hermana, el abuelo era justo. Debemos respetar su decisión.
Andrea interviene. —La justicia es aceptar la voluntad de abuelo. No debemos pelear.
Después de una larga discusión, Clara entiende. —Perdón, quizás he sido egoísta. El abuelo quería lo mejor para todos.
El señor Martínez cierra el testamento. —Bien, la familia Pérez ha encontrado la paz. La justicia y la verdad siempre triunfan.
Todos se abrazan y prometen honrar la memoria del abuelo Alejandro. La justicia ha salido a la luz en la mansión.