En una acogedora estación de esquí en los Alpes, un joven instructor llamado Javier se prepara para otro día lleno de aventuras en la nieve. El lugar está lleno de turistas emocionados, listos para aprender a esquiar.
Un día, mientras Javier está dando una clase, recibe una llamada urgente en su radio. Es el director de la estación.
—Javier, necesitamos tu ayuda. Un grupo de turistas se ha perdido en la montaña. Hay una tormenta fuerte acercándose —dice el director.
Javier siente una mezcla de miedo y responsabilidad. Aunque es joven, sabe que tiene un deber con los turistas y con la estación.
—No te preocupes. Voy a buscarlos —responde Javier, decidido.
Con su equipo de esquí listo y un mapa de la montaña, Javier se adentra en el bosque nevado. El viento sopla con fuerza, y la nieve cae sin parar. La visibilidad es baja, pero Javier sigue adelante, concentrado en su misión.
—¡Hola! ¿Hay alguien aquí? —grita Javier, esperando una respuesta.
Después de unos minutos, escucha unas voces débiles. Siguiéndolas, encuentra a los turistas escondidos detrás de unos árboles, asustados y con frío.
—¡Gracias a Dios que has venido! —exclama una de las turistas, aliviada.
—Vamos, es peligroso quedarnos aquí. La tormenta será peor pronto —dice Javier, ayudando al grupo a levantarse.
El camino de regreso es difícil, pero Javier se asegura de que todos sigan juntos. Mientras descienden por la montaña, él cuenta historias divertidas para mantener el ánimo del grupo.
—Nunca había visto tanta nieve. ¡Es increíble! —dice uno de los turistas, sonriendo a pesar del frío.
Finalmente, después de lo que parece una eternidad, llegan a la estación de esquí. El director y otros empleados los esperan, listos para ayudarlos a calentarse.
—Javier, has hecho un trabajo increíble. Estoy muy orgulloso de ti —dice el director, dándole una palmada en el hombro.
Javier sonríe, sabiendo que cumplió con su deber y que todos están a salvo gracias a su valentía y determinación.