En un futuro cercano, el pueblo de San Miguel está vacío. Las casas están cubiertas de polvo y las calles en silencio. Ana, una joven de veinte años, entra al pueblo con una misión: redescubrir su pasado. Desde que sufrió un accidente, ha perdido muchos recuerdos.
Mientras camina, Ana observa las fachadas de las casas. Algo en ellas le resulta familiar, pero no puede precisar qué es.
—¿Por qué me siento así? —se pregunta Ana en voz alta.
De repente, un gato negro cruza frente a ella y se detiene. El gato la mira con sus ojos brillantes. Ana lo sigue por una calle estrecha hasta llegar a una plaza pequeña con una fuente en el centro.
Anota mentalmente: "gato, plaza, fuente." Algo en su interior le dice que estos elementos son importantes.
Decide sentarse al borde de la fuente. Mientras el agua murmura suavemente, Ana intenta recordar eventos de su vida. Recuerda una bicicleta roja y un abrazo cálido. Estos recuerdos son vagos, como sombras en el agua.
De repente, escucha un sonido. Es una radio antigua encendida dentro de una tienda cercana. Su melena se mueve con el viento que trae consigo una melodía familiar.
—Esa canción... —dice Ana, tocándose la sien.
Entrando en la tienda, huele a libros antiguos y madera. El dueño, un anciano amable, sonríe al verla entrar.
—Hola, joven. ¿Buscas algo? —pregunta el anciano mientras apaga la radio.
Ana se siente incómoda, como si el anciano la conociera de antes.
—Yo... estoy buscando quién soy —responde Ana lentamente.
El anciano asiente y le ofrece un asiento.
—Este pueblo guarda muchas historias. Puede que encuentres respuestas aquí —dice el anciano señalando una estantería llena de álbumes de fotos y diarios antiguos.
Ana se siente atraída por un álbum en particular. Lo abre y ve fotos de ella misma de niña jugando en la plaza con la fuente.
—¡Esta soy yo! —exclama con sorpresa.
El anciano sonríe y le explica que ese era su lugar favorito de niña. Le cuenta que siempre soñaba con viajar y descubrir el mundo.
Ana sonríe, sintiendo que una parte de su identidad se ha restaurado. Agradece al anciano por su ayuda y sale de la tienda. Se siente más unida a su pasado y lista para seguir su camino hacia el autodescubrimiento.
Al dejar el pueblo, Ana mira hacia atrás y promete volver algún día. El viento sopla suavemente, y Ana siente que ha encontrado una parte de sí misma que creía perdida.