Hace mucho tiempo, en la Edad Media, había un castillo mágico llamado Castillo de la Risa. Este castillo era especial porque estaba habitado por un divertido fantasma llamado Federico. Federico no era un fantasma como los demás; él no asustaba a la gente, ¡él los hacía reír!
Un día, el rey Alfonso estaba muy preocupado. Tenía miedo a la muerte. Pensaba todo el tiempo en el fin y no disfrutaba nada de la vida. Federico decidió ayudar al rey. Apareció una noche en el gran salón del castillo.
—¿Quién eres tú? —preguntó el rey, un poco asustado.
—Soy Federico, el fantasma de la risa. No temas, rey Alfonso, vengo a enseñarte a reír y disfrutar de la vida —respondió Federico con una gran sonrisa.
El rey estaba sorprendido, pero decidió escuchar al fantasma. Federico empezó contando chistes y haciendo muecas graciosas. El rey no podía contener la risa, y pronto, todo el castillo reía con él.
Cada noche, Federico aparecía con nuevas historias y canciones divertidas. Los habitantes del castillo esperaban con ansias sus apariciones. Federico les mostraba que la risa era más fuerte que el miedo a la muerte.
Una noche, uno de los caballeros del rey preguntó:
—Federico, ¿cómo es que puedes reír tanto si eres un fantasma?
Federico respondió:
—He aprendido que la risa nos hace eternos. Cuando reímos, vivimos en el corazón de los demás. No importa si soy un fantasma; mientras ría, siempre viviré.
El rey Alfonso empezó a vivir cada día con alegría y compartir su felicidad con su pueblo. El castillo de la risa se convirtió en el lugar más feliz del reino.
Al final, todos en el castillo aprendieron que la vida es más divertida cuando dejamos de temer a la muerte y empezamos a vivir con alegría y risa.
Y así, Federico, el fantasma de la risa, siguió enseñando a otros a disfrutar de la vida por siempre.