Ana trabaja en una oficina corporativa en la ciudad moderna. La oficina es grande. Hay muchas personas. Cada uno tiene su trabajo. Ana es responsable de organizar las reuniones.
Un día, Ana llega a la oficina. Hay una carta en su escritorio. La carta dice que hay una reunión importante. "Ana, debes preparar todo para la reunión de mañana", dice la carta.
La reunión es con el jefe de la empresa. El jefe es muy importante. Ana sabe que debe hacer un buen trabajo. Ella se siente nerviosa.
Ana comienza a trabajar. Hace una lista de las cosas necesarias. Necesita preparar la sala de reuniones, los documentos y el proyector. Quiere que todo esté perfecto.
Mientras trabaja, su amiga María se acerca. "Ana, ¿quieres ir a almorzar?", pregunta María. Ana piensa un momento. Quiere ir con María, pero también quiere terminar su trabajo.
Ana decide quedarse en la oficina. "Lo siento, María, hoy no puedo. Tengo mucho trabajo", dice Ana.
María entiende y dice, "Está bien, Ana. Te traeré un sándwich más tarde." Ana sonríe agradecida.
Por la tarde, Ana se da cuenta de que necesita más papel para imprimir los documentos. Ella va a la tienda de la oficina. En el camino, encuentra a Pedro, su compañero. Pedro le dice, "Ana, el proyecto es complicado, ¿necesitas ayuda?"
Ana lo piensa. "Gracias, Pedro. Sí, me gustaría un poco de ayuda", responde Ana.
Pedro ayuda a Ana a preparar los documentos. Trabajan juntos y terminan rápido. Ana se siente aliviada.
Finalmente, la sala de reuniones está lista. Ana revisa todo. Es la hora de la reunión. Los jefes llegan. Ana se sienta con confianza.
La reunión termina bien. El jefe felicita a Ana por su esfuerzo. "Buen trabajo, Ana", dice el jefe. Ana siente orgullo.
Después de la reunión, Ana piensa en su día. Aprendió que el deber es importante. A veces hay que sacrificar cosas, pero vale la pena. Ana sonríe. Está contenta con su decisión.