En las trincheras de la Primera Guerra Mundial, había un soldado llamado Carlos. Carlos era un hombre joven y siempre estaba sonriendo, incluso en momentos difíciles.
Una tarde, mientras llovía mucho, Carlos estaba sentado en la trinchera, pensando en su hogar y en la felicidad. De repente, vio una luz extraña en el cielo. La luz era muy brillante y se movía rápido.
Carlos se levantó y dijo a su amigo Juan: "¿Ves esa luz?"
Juan miró al cielo y dijo: "Sí, la veo. Es muy rara".
La luz comenzó a bajar lentamente hacia ellos. Carlos y Juan se sintieron un poco asustados pero también curiosos. Era algo que nunca habían visto antes.
Cuando la luz llegó a la trinchera, un pequeño ser apareció. Tenía ojos grandes y brillantes. El ser sonrió y dijo: "Hola, soy Lumo. Vengo de un lugar muy feliz".
Carlos, sorprendido, preguntó: "¿Feliz? ¿Dónde está ese lugar?"
Lumo respondió: "Es un mundo donde todos son felices porque ayudan a los demás y comparten lo que tienen".
Juan se acercó y preguntó: "¿Podemos ir allí también?"
Lumo sonrió más y dijo: "No necesitas ir lejos. Puedes encontrar felicidad aquí. Ayuda a tus amigos, comparte una sonrisa, y verás cómo cambia todo".
Carlos pensó por un momento y luego sonrió. Él siempre fue feliz porque ayudaba a los demás y compartía su alegría. Ahora, quería ayudar a todos en la trinchera a ser felices también.
Desde ese día, Carlos compartió su comida, escuchó a sus amigos, y siempre tenía una palabra amable para todos. Poco a poco, la trinchera se llenó de sonrisas y felicidad.
Al final, Carlos entendió que la búsqueda de la felicidad no era un lugar al que ir, sino algo que podía crear donde estaba. Y así, en medio de la guerra, Carlos encontró paz y felicidad.