En un campamento de verano, había un niño llamado Julián. A Julián le encantaban los deportes, especialmente el fútbol. Todas las mañanas, los niños jugaban diferentes deportes y hacían amigos nuevos.
Un día, Julián escuchó a dos niños, María y Luis, hablar sobre un partido especial. El partido iba a ser en la noche, después de la hora de dormir. Julián sentía curiosidad. Quería jugar.
—¿De qué hablan? —preguntó Julián.
—Vamos a jugar un partido secreto de fútbol. Nadie debe saberlo —respondió María en voz baja.
—¡Pero es después de la hora de dormir! —dijo Julián sorprendido.
—Sí, pero será muy divertido —dijo Luis sonriendo.
Esa noche, Julián estaba en su cama, pensando en el partido. Sabía que no debía salir, pero sentía una gran tentación.
Finalmente, Julián decidió ir. Se puso ropa deportiva y salió en silencio.
En el campo, todos se veían emocionados. Comenzaron a jugar. Julián se divertía mucho, pero también estaba nervioso. ¿Y si los descubrían?
De repente, escucharon un ruido. Era el monitor del campamento. Todos corrieron a esconderse.
Después de unos minutos, el monitor se fue. Julián y los otros niños regresaron a sus camas rápidamente.
Al día siguiente, los niños estaban cansados, pero felices. Habían jugado el partido especial. Nadie supo su secreto. Julián aprendió que a veces es difícil resistir la tentación, pero también que es importante seguir las reglas.