En el corazón de la ciudad moderna, bajo las luces brillantes y el ruido constante, hay un mundo oculto. En las cloacas de la ciudad, un grupo de amigos busca justicia.
María, Pedro, y Juan están preocupados. Su amigo, Rafael, ha sido acusado de un crimen que no cometió. Ellos saben que Rafael es inocente. Necesitan ayudarlo.
Una noche, los tres amigos se encuentran en la entrada de las cloacas. María lleva una linterna. Pedro tiene un mapa viejo de las cloacas. Juan trae una mochila con bocadillos. Están listos.
—Vamos, tenemos que encontrar a Don Alberto —dice María.
Don Alberto es un sabio que vive en las cloacas. Él conoce todos los secretos de la ciudad.
Los amigos empiezan su aventura. Caminan juntos, con cuidado. Escuchan el agua correr. Hay ratas que pasan rápido.
—¡Cuidado! —dice Pedro, mirando al piso resbaladizo.
Después de caminar mucho tiempo, encuentran la puerta de Don Alberto. María golpea la puerta suavemente. La puerta se abre y ven a Don Alberto.
—Hola, jóvenes. ¿Qué los trae por aquí? —pregunta él con una sonrisa.
María explica la situación de Rafael. Don Alberto escucha atentamente. Se acaricia la barba con una mano.
—Puedo ayudar —dice él finalmente—. Pero primero, necesitan encontrar tres objetos: una llave, una pluma dorada, y una piedra especial.
—¿Dónde encontramos estas cosas? —pregunta Juan, curioso.
Don Alberto dibuja un pequeño mapa. Les explica dónde buscar.
—Vayan con cuidado. Las cloacas pueden ser peligrosas —advierte Don Alberto.
Los amigos agradecen a Don Alberto y se van. Siguen el mapa. Buscan la llave primero. Es un viejo candado en una puerta oxidada. Lo abren y encuentran la llave colgando de un gancho.
—¡La tenemos! —exclama Pedro, feliz.
La próxima parada es la pluma dorada. Está en un nido de pájaros en una esquina oscura. María se sube a una tubería y la toma.
—Ahora, solo falta la piedra —dice Juan, emocionado.
Siguen caminando hasta encontrar la piedra en el fondo de un charco limpio. Juan la recoge con cuidado.
Regresan a la puerta de Don Alberto con los tres objetos. Él los recibe con una sonrisa amplia.
—Bien hecho. Ahora, puedo hacer el amuleto de verdad —dice Don Alberto.
Él mezcla los objetos y recita unas palabras. Luego, les entrega un pequeño amuleto.
—Esto demostrará la inocencia de Rafael. Llévenlo al tribunal —les indica.
Los amigos salen de las cloacas con el amuleto. Corren al tribunal de la ciudad. Justo a tiempo, entregan el amuleto al juez.
El juez examina el amuleto y dice: —Rafael es inocente. Está libre.
Rafael sale del tribunal, sonriendo. María, Pedro, y Juan lo abrazan, felices.
—Gracias, amigos. Me salvaron —dice Rafael, emocionado.
Y así, en las cloacas de la ciudad, un grupo de amigos encontró justicia para Rafael, demostrando que la verdad siempre prevalece.