Una vez, en un mundo infestado de zombis, vivía un atleta llamado Diego. Diego era un corredor rápido y fuerte. Corría cada día para estar en forma. En su pueblo, la gente tenía miedo de los zombis, pero no perdía la esperanza.
Un día, la líder del pueblo, Ana, se acercó a Diego. "Diego, necesitamos tu ayuda," dijo Ana. "Los zombis se acercan más cada día. Necesitamos comida y medicina de la ciudad cercana. Eres nuestra única esperanza."
Diego pensó y decidió ayudar. Dijo, "Correré a la ciudad. Con fe, traeré lo que necesitamos." Todos en el pueblo confiaban en Diego.
La mañana siguiente, Diego se preparó para correr. Se puso sus zapatos deportivos y tomó una mochila. Ana le dio un mapa. "Ten cuidado, Diego," dijo Ana. "Creemos en ti."
Diego comenzó a correr. El camino a la ciudad era largo y peligroso. Vio muchos zombis, pero siempre se movía rápido. Se decía a sí mismo, "Tengo fe. Puedo hacerlo."
Durante su camino, Diego encontró a una niña sola. "¿Estás bien?" preguntó Diego. La niña, llamada María, le dijo que se había perdido. Diego decidió ayudarla.
"Ven conmigo, María. Te llevaré al pueblo," dijo Diego. María sonrió y juntos continuaron corriendo. Diego se sentía más fuerte con María a su lado.
Finalmente, llegaron a la ciudad. Todo estaba en silencio. Diego encontró comida y medicina. Llenó su mochila y hablaron sobre regresar al pueblo.
De regreso, encontraron más zombis, pero Diego corrió rápido. María gritó, "¡Vamos, Diego!"
Al llegar al pueblo, todos aplaudieron. Diego y María eran héroes. Ana abrazó a Diego y le dijo, "Gracias. Tu fe nos salvó."
Diego sonrió y respondió, "La fe es nuestra fuerza."